UN TANGO CON CECILIA MARTÍNEZ

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Un tango con Cecilia Martínez

Mujer de coraje por derecho propio y tradición de casta, dio  esta  entrevista en febrero de 1996.  Su padre solía decirle que sólo le faltaba andar en cuerda floja para ganarse la vida. Desde que bailó con Carlos Gardel su vida cobró matices de tango. A los dos días de casada su marido le confesó no quererla. Con su segundo matrimonio justificó aquello de que “veinte años no son nada”. Condenada por Blanca Ibáñez al exilio televisivo, Cecilia Martínez ha demostrado que no la amilana la adversidad. Mientras, sus enamorados le siguen llevando rosas.


Rodolfo Baptista


-Nació en cuna de oro…
-No nos ha servido para comprar en la bodega. Mando el árbol genealógico al abasto y no me envían ni un kilo de papas.


La solera mantuana le viene de lleno de su madre, Josefina Mendoza Aguerrevere. Una ascendencia familiar  “limpia” hasta el “chosno”, hasta el padre de su tatarabuelo. Alberto Martínez Reverón, el padre de la joven Cecilia Martínez, aguzaba su suspicacia ante la invitación a bailar que le hiciese a su hija cualquier tiznado sospechoso de arribismo. Si era de buena familia, el joven tenía luz verde. “En aquella época se tomaba muy en cuenta la familia y el nombre de una persona. Afortunadamente eso pasó”. Cecilia se arrellana en la poltrona de su cuarto. El calor de una débil punzada incomoda su vientre, secuela de una difícil intervención quirúrgica de hace algunos meses.


VEÍAMOS A RAFAEL DE ARRIBA PARA ABAJO


–Fue una “sifrina” … 
-No. Nosotros éramos pobres. Papá -fue cajero  del ferrocarril Caracas- La Guaira-  murió ganando Bs. 500 mensuales. Yo soy lo que llamarían en mi época una mantuana, o lo que Pancho Pepe Herrera diría “Los Amos del Valle”. Sifrina no, porque ése es un tipo de nuevo rico que se cree muy importante. Yo no creo que es ningún mérito tener una familia limpia desde hace muchas generaciones, aunque creo que es una satisfacción en momentos en que la vida caraqueña se ha vuelto tan amoral.


-¿Qué cosa considera inmorales?
-A mí me parece inmoral la hipocresía. A mí me parece inmoral que mi sirvienta trabaje mientras yo estoy sentada en esta poltrona tomando café. Me parece inmoral que se maltrate al pueblo. Actualmente vivimos una vida amoral, porque se ha perdido el concepto de pecado. Y mira, te habla una pecadora. Yo he sido una persona que no ha llevado una vida tonta. He llevado una vida mucho más liberada que mil que andan por allí dándoselas de vivas. 
Nació en noviembre  de 1913. Su espíritu inquieto la llevó a trabajar cuando aún era muy joven, algo insólito para la época, cuando las “niñas bien” debían ocuparse de otros menesteres más acordes a su rango de señoritas. Su padre la llamaba levantisca, alzada. Fue pionera de la radio en Venezuela. En  1928, cuando Cecilia apenas iba a cumplir 15 años, se subió –junto a un grupo de estudiantes comandados por Rómulo Betancourt- a un autobús que se dirigía a El Valle para repartir panfletos que antagonizaban contra el dictador  Juan Vicente Gómez. La policía lo advirtió y fueron detenidos. "Nosotras las mujeres los empezamos a defender. Las mujeres éramos llamadas pomposamente 'madrinas de guerra'. Mi ahijado era Ildemaro Lovera. Estuve detenida en la sala de banderas de la policía".


-Pero, nunca le interesó la política
- No, No habría aceptado imposiciones de los partidos. Yo he canalizado mis inquietudes sociales por otro lado. Doy clases de catequesis, pero no obligo a mis alumnos a aprenderse de memoria los mandamientos. La educación religiosa hay que irla sembrando.


-¿Cómo era el doctor Caldera de joven?
-A Rafael le apasionaban los tangos y tenía una conversación gratísima. No era bailarín, eso sí. A él lo conozco de toda la vida, desde que éramos niños. Rafael era huérfano de padre y madre, y nosotras huérfanas de madre, y en eso teníamos algo en común que nos aproximaba, pero lo veíamos un poco de arriba  para abajo. Él era menor que yo dos años. A mí él me encantaba, como me encantaba Arturo Uslar Pietri. Yo tenía mis tercios, aquellos que me gustaban. A lo mejor yo no les gusté a ellos nunca.


Cecilia era el alma de las fiestas. Le gustaba cantar, tocar el cuatro y bailar. Cuando su padre Alberto enviudó y tuvo que hacerse cargo de sus cuatro hijas, se ocupó  hasta de llevarlas a los saraos. Era un hombre estricto pero complaciente. “El aceptaba ciertas cosas. Acpetaba que los amigos nuestros fueran todas las noches a casa. Yo tocaba piano. Fina, mi hermana, se encargaba de la vitrola. Bailábamos y cantábamos, pero mi padre siempre estaba presente. A los cucarachones, los muchachos de la época que nos pretendían, papá les averiguaba la vida. Hasta salía con ellos”.


Cuando Cecilia se enamoró de Germán Alvarez Delemos, un “dandy” de 28 años, gerente general de la pujante US Roberts Sports Company of Venezuela, su padre dio el visto bueno. “Mi primer esposo era un hombre encantador. Se vestía divinamente. Era muy simpático, muy agradable con las mujeres. Sumamente 'entrador'”.


A fin de controlar la hora de visita de los enamorados de las hermanas Martínez, el padre colocaba un gran reloj despertador bajo la vitrola Credensa que había en la sala. A las 10:00 de la noche un agudo chirrido despertaba a los pretendientes de sus rubicundas ensoñaciones. “Matías Breuer, el novio de mi hermana, inventaba cualquier pretexto para quedarse un rato más. Germán se iba inmediatamente. No lo sabíamos pero solía Jugar Frontón Jaialai”. El rostro de Cecilia se contrae mientras se lleva la mano al vientre. La herida duele. “Apaga el grabador un momento”.


LA VIDA ES UN TANGO. El noviazgo duró menos de un año. Cecilia se casó antes de cumplir los 20. “Yo me enamoré de mi marido, pero él no estaba enamorado de mí. Me lo dijo cuando teníamos dos días de casados”.


En plena luna de miel, cuando todavía no habían consumado el matrimonio, Germán le pidió volver a Caracas con el pretexto de presentarse para la fecha del santo de su hermana. A los pocos días de casados llega Carlos Gardel a Venezuela en medio de una algarabía nacional. 
Cecilia trabajaba en “Le Galerie Parisien”. La tienda pertenecía a unos prósperos hermanos libaneses de apellido Faraje, quienes habían traído por primera vez al país los cosméticos Max Factor. Cecilia les hacía publicidad a través de la radio. Los Faraje gestionaron la visita de Gardel al país. “Enloqueció todo el mundo. Los Faraje le ofrecieron una comida en un restaurante y dancing que había en la esquina de torre. Me invitaron y mi esposo accedió a llevarme. La única mujer en el agasajo era yo”.


Gardel estaba sentado en la cabecera de la mesa, Cecilia en el otro extremo y su esposo hablaba animadamente con el comensal más próximo. “No le interesaba mucho mi conversación”, recuerda Cecilia. Gardel algo ansioso por demostrar sus dotes de seductor frente a la concurrencia, manifestó su deseo de bailar con la agraciada joven que se encontraba del otro lado. Se levantó de su asiento y se le acercó. Con imponente estampa, el legendario morocho del abasto se plantó frente a la mustia recién casada y dirigiéndose a su esposo le solicitó el permiso de la siguiente forma: “Señor, me gustaría tener el placer de bailar con su señora”. El despreocupado marido se volteó y haciendo un ademán de indiferencia con la mano le respondió: “Sí, hombre”.


La concurrencia hizo espacio y comenzó a aplaudir. “Le advierto que yo no sé bailar muy bien el tango”, mintió Cecilia al tanguista y él contestó: “Una mujer, tan mujer como usted, llevada por un hombre como yo, baila cualquier cosa”.


“Gardel, que había acusado el tono de desinterés en la contestación de Germán”, relata Cecilia “me preguntó al comenzar a bailar ‘¿cómo es posible que ese hombre esté casado con usted? ¿Qué no le importe que usted baile con Carlos Gardel? ”, y yo le pregunté: “¿Y por qué ‘específicamente‘ con Carlos Gardel?” “Bueno, porque al fin y al cabo tengo entendido que yo soy el terror de los maridos venezolanos”. Cuando terminó  la pieza me dio las gracias y me dijo que bailaba muy bien. Luego me senté con las piernas todavía temblando.


-¿Si usted era tan atractiva ¿por qué el desinterés de su esposo?
-Para él, conquistarme fue como obtener un trofeo. Ahora lo sé. En los grupos pequeños siempre hay un hombre y una muchacha que se destacan. No por el dinero, sino, sobre todo, por ser más divertidos o simpáticos. Yo tenía una fila de enamorados. Para él entrar y desplazar a todos los demás fue una forma de destacar. Eso yo lo interpreté después, cuando comenzó a salir con otras mujeres.


-¿La engañó con otras mujeres?
-Sí. Yo lo supe pronto. Me divorcié de él dos veces. Me casé con él otra vez.


-¿Por qué se volvió a casar después que él le había demostrado que no la quería? 
-Porque estaba muy enamorada de él. Y vino a buscarme porque la mujer que tenía lo había dejado. Antes del divorcio, mi primo Juan José Mendoza, que era abogado, me aconsejó no irme de la casa para no perder la custodia de mis hijas. Luego él consiguió la forma de que yo me quedase con la patria potestad, algo imposible para aquella época. Juan José me dijo: “como él está loco por casarse con esa mujer, yo le voy a proponer acelerar los trámites del divorcio sólo si firma un documento por medio del cual renuncie a sus hijas”. Germán estuvo de acuerdo. Ese documento lo rompí yo hace poco.


-¿No es una mujer rencorosa? 
-Yo no sé lo que es el rencor. Yo lo llamé a él en una oportunidad y le dije: “Germán, yo voy a hacer que tus hijas te adoren, pero tú me tienes que pagar con la misma moneda. No las decepciones, no las defraudes, porque de ser así te las quito”. A la hora de su muerte sus dos hijas y yo fuimos quienes estuvimos con él.


CECILIA, ¿CUÁNTO TIENE EL POTE?.


- ¿Recibió muchas críticas a partir del divorcio?
-Sí. No me criticaron que me separara de él. En realidad todo el mundo me comprendía, pues él andaba públicamente acompañado. Me criticaron el que yo no me enterrara en mi casa. Salí  a trabajar. Empecé a salir con amigos y comenzaron a atribuirme aventuras con hombres que nunca fueron ciertas. La única que fue cierta nadie la supo.


-¿Quién?
-No. Ya está muerto.


-Esa reacción de la sociedad tal vez fue una manifestación de envidia de las otras mujeres que no tenían el suficiente coraje para hacer lo que usted hizo.


-No. Yo representaba un peligro para las mujeres casadas, porque los hombres me buscaban. El machismo los llevaba a pensar que una mujer divorciada era fácil. Esa fue la situación más difícil de encarar, que los mismos amigos míos creyeran que yo era “mango bajito”.


Cecilia comenzó a trabajar para poder mantener a sus hijas. Durante el día trabajaba en la empresa “Leche de Magnesia Phillips”, al mediodía en la radio y después, en la noche, trabajaba en la empresa Heinz donde recibía los camiones de carga. Tuvo que desempeñar infinidad de oficios para poder sobrevivir. Confeccionar cortinas, hacer decoración de casas, vender libros o seguros, cocer ropas y disfraces.


-¿Qué fue lo que no hizo?
-Mi papá me decía: “Yo no paso por el Coney Island porque me da miedo voltear y ver a Cecilia bailando en la cuerda floja”.


-Usted habría podido vivir sin trabajar. Eugenio Mendoza le ofreció dinero a cambio de que se quedase tranquila en la casa, pero usted prefirió ponerse a vender libros.


-Cuando yo me divorcié, Eugenio y tío Cristóbal hablaron con mi papá y le dijeron que yo no podía trabajar en la calle. Tío Cristóbal ofreció mandar a mis hijas internas a Inglaterra. Eugenio dijo que la familia podía hacerse cargo. Yo no soy soberbia ni orgullosa, si necesito pedir, lo hago; pero mientras tenga dos pies y dos manos yo trabajo. Mi padre estuvo de acuerdo conmigo. Yo fui de las mujeres que trabajó de 8:00 de la mañana a 8:00 de la mañana del otro día.


La fama le llegó en 1953 con el programa “Monte sus cauchos Good Year”, junto con el profesor Néstor Luis Negrón. La gente la detenía en la calle y le preguntaban “¿Cecilia, cuánto tiene el pote?”, la frase que le dirigía el conductor del programa de concursos y que luego se haría paradigmática de una generación. Se dice que el mismo Pérez Jiménez le preguntaba a su Ministro de Economía: “¿Cuánto tiene el pote?”, cuando lo veía entrar a su despacho.


"Una vez fui con mis hijas a Maracay a una coleada de toros y nos quedamos a dormir en una hacienda. Al día siguiente fuimos a misa, “¡qué bueno, aquí nadie nos conoce!” pensé, pero no había salido de la Iglesia cuando tenía una multitud de gente agolpada en la entrada pidiendo autógrafos. Tuve que firmar hasta cabezas rapadas, que estaban de moda en la época”.


El principal programa de Cecilia Martínez y por el que siente más cariño duró 30 años al aire. Empezó llamándose “Cosas de Mujeres” en Radio Caracas, donde fue trasmitido por espacio de 12 años; “Nosotras las mujeres” 10 años en Venevisión; y después “Toda una Mujer” en Venezolana de Televisión por ocho años.


-¿Es cierto que Blanca Ibáñez la botó del canal 8?


-Cuando Lusinchi fue candidato hicimos en  el programa  de televisión “Toda una Mujer”   un ciclo de entrevistas con todos los candidatos en sus casas. Era lo que se llamaba entrevistas humanas. El día que fuimos a entrevistar a Lusinchi en La Ermita la guardia nos botó a empujones. No entendimos lo que había pasado. Un tiempo después me invitaron a una fiesta. Era en casa de un general retirado. Su esposa, luego de algunos tragos, se me acercó y me contó que un día, mientras  ella y el general almorzaban en casa de Lusinchi, su compadre, habían escuchado decir a Blanca Ibáñez: “Esa Cecilia Martínez sale y el programa queda, porque es una mantuana, sifrina y pretensiosa que trató de humillarme haciéndole las entrevistas a los candidatos en su casa. Ella sabía que yo no iba a dejar que él hiciera la entrevista con Gladys (la esposa  para entonces  del presidente)”.


-En 1972, su segundo matrimonio fue con Eduardo Reina, un hombre 20 años menor. Él tenía 39 años y usted 59. Eso también fue un relativo escándalo para el momento.


-Cuando yo llamé a Caracas y dije que me había casado con Eduardo en México fue un escándalo tremendo. Tuve amigas que decían que iba a mantener a un gigoló, pero resulta que él me mantuvo a mí y me sigue ayudando ahora. Eduardo es un hombre maravilloso, protector, compañero y adoró a mis hijas. Compañero en lo bueno y en lo malo. Con él fui inmensamente feliz. En este momento está en Madrid. Nuestro matrimonio duró 11 años. Nos separamos a causa de ciertos problemas que hubo con la anterior familia de Eduardo. Hace cuatro años que salió el divorcio, pero estamos separados desde 1983. El año pasado estuve enferma y él estuvo conmigo y me ayudó. Siempre ha estado muy pendiente de mí.


-¿Piensa que puede volver con él?
-No. Nunca segundas partes fueron buenas. Pensar en estar juntos ahora sí sería un disparate.


-¿Usted se considera feminista?
-No soy feminista, pero detesto el machismo. Lo que soy es antimachista. Pero creo que cuando las mujeres pisamos los terrenos de los hombres, perdemos.


-Es curioso que sea  usted  quien precisamente quien diga eso.
-Yo pisé no el terreno de los hombres sino el del trabajo. Nosotros somos exactamente iguales que ustedes excepto en la fuerza física. Nacimos un poco para ser físicamente protegidas por los hombres. Yo fui muy femenina, siempre fui tratada con mucho romanticismo y sigo teniendo mis viejitos románticos que  me traen rosas.


-¿Nunca se sintió superior a un hombre?
-Jamás. Toda la vida me han encantado los hombres. Los hombres nos hacen muchísima falta. Yo creo en el matrimonio. Yo nací para casarme, pero no me tocó lo que quería.

 

28 dE octubre dEl 2014