LAS FIRMAS QUE ROMPIERON LA BARRICADA

Click para restablecer imagen

Las firmas que rompieron la barricada    

El 20 de agosto de 2003  en la mañana,  la oposición  intentaba  entregar  ante el CNE  las firmas  requeridas  para solicitar el Referendo Revocatorio Presidencial.  Una barricada  de  grupos afectos  al gobierno  intentaron impedirlo en el centro  de  la capital.  Las labores de disuasión emprendidas por el presidente de la AN, William Lara y el alcalde Freddy Bernal durante el mediodía resultaron infructuosas. Sólo la agresiva intervención de los cuerpos de seguridad logró abrir la brecha para que los antichavistas llegaran al CNE.

Rodolfo Baptista

 “¡Esto es como Afganistán!”, gritó un militante chavista, a la 1:45 pm en la esquina Colón de El Silencio. Eran el lugar y la hora del inicio de la confrontación.
Una cuadra más abajo, en la esquina de Dr. Díaz, un contingente de la Policía Metropolitana intentaba evitar que se encontraran frente a frente los defensores de la revolución apostados tras una barricada de fuego y el río amarillo y negro de opositores que buscaba acceso para ingresar al Consejo Nacional  Electoral (CNE), por las avenidas Bolívar y Universidad.

Primer ining
“¡Ya llegaron!”. “¡No pasarán. No pasarán!”, se escuchó a modo de grito de guerra. Inmediatamente una lluvia de piedras describió una parábola en el aire, a pocos metros de la movilización antichavista que usaba como ariete 2 millones de firmas traídas desde Altamira. Inmediatamente los efectivos policiales respondieron lanzando bombas lacrimógenas.
Un robusto chavista, con gorra del Magallanes como única protección en su cabeza, faldeó el tóxico recipiente que venía como fuerte “roletazo” por el medio de la calle. Haciendo gala de un portentoso brazo de jardinero lanzó la lata hirviente de regreso a los policías.
La  jugada no hizo gracia a los efectivos de seguridad que inmediatamente reaccionaron disparando media docena de bombas. Eran más de mil los chavistas que se habían atrincherado desde la mañana frente al CNE. Más de 100 se mostraban dispuestos a enfrentar a los policías.

Refuerzos rojos

  Las labores de disuasión emprendidas por el presidente del parlamento, William Lara, y el alcalde de Caracas, Freddy Bernal, antes del mediodía, resultaron infructuosas. Ni siquiera algunas bombas lacrimógenas sirvieron para evitar que los seguidores de la dirigente social Lina Ron, se  dispersaran de la sede del CNE.
El apoyo fue creciendo a comienzos de la tarde. Un refuerzo de motorizados bajó hasta el sitio del intercambio. Inmediatamente, la ofensiva se hizo  más agresiva. Uno de los revolucionarios penetró a un terreno en construcción, para robar un camión de carga. Aceleró el vehículo media cuadra y lo estrelló contra un muro para impedir el avance de opositores y policías.
Súbitamente, desde la zona chavista, un encapuchado se dejó ver efectuando descargas repetidas con un arma de fuego. Eran los primeros disparos de la jornada. Dos hombres, sentados en una acera, conversaban: “¡Es una 45 mm!” aseguraba uno. El otro asentía mientras masticaba un pedazo de churro.
Luego de tres minutos, uno de los seguidores del gobierno, apostado en la esquina de Colón, no pudo continuar de pie. Su pierna ensangrentada se resistía a responder a su sistema nervioso que le ordenaba alejarse del lugar del peligro.

Zona de crisis

     En la esquina de San Francisco, a varias cuadras del epicentro de la violencia, un grupo chavista intentaba agarrar a un hombre armado. Este sacó de su camisa un “chopo”, para lanzarlo a manos de un compañero, antes de ser atrapado.
En este momento, el centro de Caracas se convirtió en un pandemónium. Una densa y arrasadora nube de bombas lacrimógenas se extendió desde las inmediaciones del CNE hasta las proximidades de la Plaza Bolívar, en medio de carreras de pánico.
Entre las 2:15 y las 2:30 pm la policía ya había despejado el terreno para que ingresara, finalmente, la manifestación opositora que se había mantenido en todo momento a la espera de ganar la batalla. Muchos revolucionarios se desplegaron hacia la avenida Baralt y otros hacía la Urdaneta, donde se dejó ver el vicepresidente, José Vicente Rangel.
Precisamente Rangel fue la única voz del Ejecutivo que se dirigió a los venezolanos para pedir calma. Rangel felicitó “a los venezolanos por haber reforzado el pensamiento democrático” y dijo estar satisfecho de que la jornada  concluyera exitosamente. “No hubo el choque que esperaban”, dijo.
Mientras en el CNE, el río triunfal de opositores dejaba escuchar un nuevo coro: “¡Sí pasamos!”. A menos por una hora, las adyacencias de El Silencio se convirtió en un nuevo “territorio liberado”.
Al finalizar la tarde, la confusión  de los grupos  afectos al gobierno flotaba en el aire junto al olor de las lacrimógenas.

 

 

AL FILO DE LA MUERTE
El alcalde metropolitano. Alfredo Peña, precisó que el saldo de la jornada fueron 9 heridos de bala (2 policías y 7 civiles) y 55 personas asfixiadas o alcanzadas por objetos contundentes. Entre los lesionados se encuentra Mauricio Muñoz, de la televisión ecuatoriana, quien fue alcanzado en el tórax, cuando el proyectil perforó su chaleco antibalas. Asimismo fueron ingresados al Hospital Vargas, Yender Criollo. José Gregorio Miguelle y Rubén Hendry. Unas 25 personas fueron atendidas en el cuartel de Bomberos con dificultades respiratorias o golpeadas con piedras, botellas y demás

31 dE octubre dEl 2014