EL VELORIO DE CHÁVEZ

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Crónica // El velorio de Chávez


En la madrugada se redobla 
el paso a la Academia Militar


A diferencia de lo que ocurría durante el día, las colas antes del amanecer para visitar el féretro del jefe de Estado en Los Próceres fueron  breves. Lo que durante el día llevaba a los visitantes a permanecer de  seis a ocho horas en largas y calurosas filas, entre las  3:00 am y las 5:00 am del 13  de  marzo de 2013, apenas consumía entre 30 y 40 minutos.


Rodolfo Baptista


   El truco es levantarse muy temprano. Llegar a la hora en que la madrugada se extiende y el tiempo parece suspendido. El momento en que la Academia Militar espera el relevo entre los seguidores más acérrimos del fallecido jefe de Estado -aquellos que vienen de regreso tras una desvelada noche-, y los que decidieron esperar al amanecer para emprender la caminata de dos kilómetros.


Es miércoles. Una semana después de iniciada la capilla ardiente, aproximadamente 470 mil personas han pasado junto al féretro del presidente Hugo Chávez. En la mañana los relatos sobre interminables colas de seis y ocho horas bajo el sol inclemente  tras el fallecimiento el 5 de marzo, han desanimado a muchos. Otros optan por acercarse y echar un vistazo antes de decidir si se suman a la fila o regresan en otro momento de “menos aglomeración”. Casi siempre escogen lo segundo.


Pero el momento es éste. Son las 4:45 am y en el largo recorrido por el Paseo Los Próceres –que parte desde la sede de la Procuraduría General- no se observan colas, a pesar de la cantidad de gente en los alrededores. Aún de noche, se respira la resaca del agitado día anterior. Da la impresión de ser un gran hotel de paso. Muchas personas caminan. Otras usan los jardines del corredor arquitectónico como dormitorio improvisado. Esperan la luz del día para regresar con seguridad a sus hogares, tendidos y arropados entre fuentes, estatuas y materos ornamentales.


Mujeres con sus hijos, cargados o de la mano, atraviesan la ruta donde a pesar de la hora se encuentran activos algunos puestos de comida. Vendedores dan una tregua a sus precios y rematan souvenirs y recuerdos del Comandante -afiches, brazaletes, gorras- a Bs 10 y Bs 20. Son más los que regresan del velorio que los que van.


Las manifestaciones de afecto incluyen la elaboración de mensajes con potes de agua vacíos que forman grandes letras sobre la grama. “Todos somos Chávez”, dice uno. En otro con, tapas de recipientes plásticos, se logra copiar los trazos de la característica “rabo e’ cochino”, la firma del mandatario.


Nada de fuertes colas. Sólo una caminata a paso redoblado llevada al ritmo de las canciones de Alí Primera. Pantallas de televisión gigantes retransmiten el programa La Hojilla de la noche anterior en todo el camino. Desde los altavoces, Mario Silva alerta sobre la carga acumulada de “odio de la oposición”.


Un kilómetro después, los dos muros de 30 metros de mármol blanco del monumento a Los Próceres se levantan unidos por una inmensa bandera. Más adelante, 30 personas reposan en sillas de plástico dispuestas frente a una nueva pantalla de televisión. Algunos aprovechan para dormir. Mario Silva embiste ahora contra el candidato de la MUD, Henrique Capriles Radonski, quien puso en tela de juicio la fecha de la muerte de Chávez. La indignación manifestada por la hija del mandatario, María Gabriela Chávez, en una carta el día anterior, se había propagado de manera rápida y virulenta entre los seguidores.


Una caminata a paso mantenido permite recorrer en 35 minutos el Paseo Los Próceres hasta llegar al Patio de Honor de la Academia Militar. Cada 100 o 200 metros se disponen baños portátiles pero el olor acre de orina aún se siente en algunos apartados que delatan la intensidad de la asistencia de masa humana durante la jornada anterior.


Ante el féretro


Aún no amanece. Las personas forman una cola fluida: los que avanzan rápido pueden adelantar a los más lentos -ancianos incluidos, algo inconcebible tres horas después cuando la masa de gente se compacte. Giran a la izquierda, pasando al lado de la Universidad Militar Bolivariana, hacia la imponente construcción que será el punto final del peregrinaje.


En posición de firmes, media docena de efectivos de la Guardia del Pueblo hacen el saludo militar para dar un recibimiento a los visitantes a las zigzagueantes hileras de cercas de metal que forman más de 15 corredores y van canalizando el ingreso. Las últimas cinco están cubiertas por toldos azules de 1,90 metros de alto. 
Son las 5: 25 am y un cuarteto de músicos civiles ejecuta el Toque de Diana valiéndose sólo de percusión -tres tambores- y una trompeta, para inmediatamente interpretar “Linda Barinas”. El corredor final divide a los visitantes en dos colas una a la derecha y otra a la izquierda. “Apaguen los celulares. Bolsos y morrales en la mano derecha”, insiste un robusto efectivo de seguridad a la primera fila, mientras las personas pasan al lado de una serie de fotografías de casi dos metros del jefe de Estado -la última de ellas una imagen del cierre de la campaña presidencial de octubre de 2012, con el mandatario bajo la lluvia.


Dispuesta frente a la majestuosa y austera fachada blanca del hall de la Academia Militar, una última y enorme pantalla de televisión deja ver la imagen del secretario general de Acción Democrática (AD), Henry Ramos Allup, recibiendo en ese momento a los perplejos visitantes que llegan a rendir honores al presidente Chávez. Se trata, de nuevo, de la retransmisión de programas opositores a cargo de La Hojilla a través de VTV. 
Luego del largo recorrido, sorprende que no exista más antesala que una escalera y unos cuantos metros para finalmente contemplar los restos del jefe de Estado. La Guardia de Honor presidencial, vestida con el uniforme de la Compañía de Húsares de Simón Bolívar y la espada de oro de El Libertador al pie del féretro, se yerguen como resguardo. Detrás, una foto del mandatario aferrado a un cristo y un retrato pintado, del Padre de la Patria, su favorito.


En su ataúd, el mandatario emerge a la vista con cierta robustez en el rostro, el cuello y el torso.  Pero no parecía con una tensión marcada en la piel.  Tampoco era la presencia  de una persona gorda, aunque aparecía rellena.  Un aire a ratos imponente,  llamaba  la atención para alguien que batalló tres meses en un complicado postoperatorio.


A pesar de la lucha contra el cáncer, el semblante es sereno. Trasmite cierto espíritu marcial y a la vez de tranquilidad. La piel no es brillante sino de un tono mate. Boina roja, traje de gala militar verde oliva –camisa blanca, corbata negra- y la banda presidencial colocada en el hombro izquierdo. El collar de la Orden del Libertador brilla sobre el pecho. La mayoría de los visitantes, a esa hora de la madrugada, pareciera que no dan valor a los tres segundos frente al féretro, tal como lo haría alguien que esperó ocho horas bajo el sol. Pero  por un instante,  las diferencias  políticas de los asistentes se desdibujan  frente a la contundencia de la muerte.


Todavía asimilando la breve visión, inmediatamente comienza un nuevo recorrido para la salida. Al fondo, detrás de féretro se observan cerca de 50 coronas de flores. A la lado, un conjunto de placas con las promociones de graduados organizadas por años. Antes de pasar al corredor que comunica el hall de la Academia con la Universidad Militar, un grupo de pancartas colocadas en la pared y el piso se disponen para dejar firmas y mensajes dirigidos al Presidente. Uno de ellos  un acrónimo con el nombre de pila: “Hoy más que nunca, tendrás Un lugar especial en nuestros corazones Gracias comandante  Olvidarte es imposible”.
La solemnidad del momento se va disipando y en el recorrido de regreso se dejan escuchar rabiosos comentarios contra el candidato opositor. “Capriles es un cínico, es un imbécil (...) Me provoca entrarle a patadas. Tuvo que morirse Chávez para tener otra vez un chance”, lanza una mujer antes  de pasar por  el Casino de Cadetes.  


Son las 6:20 am. Con la luz del día un nuevo grupo comienza a tomar relevo. Las filas en Los Próceres se llenan formando trombos humanos en las rutas de ingreso. “Dios le bendiga, Dios le bendiga, Dios le bendiga...”, dice un soldado una y otra vez a las personas que siguen entrando.

03 dE noviembre dEl 2014