CARLOS FUENTES: Cronos en tiempo de cambio

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Carlos Fuentes y su momento histórico


Cronos en tiempo de cambio


La  entrevista  publicada el  27  octubre  de  1995  revela no  sólo la visión de  Carlos Fuentes  sobre la literatura venezolana  sino aspectos  sobre  la situación  y las perspectivas  de la economía en  la  época. Carlos Fuentes habló  de los retos que tenía  Latinoamérica frente a los rápidos cambios socioeconómicos que se generaban en el escenario mundial. No pensaba  que el neoliberalismo fuera  una solución para los problemas del área ni que América Latina pueda crear empresas capaces de competir con las del primer mundo. Abogó por una coalición entre los sectores públicos y privados. La salida, apunta está en al cooperación internacional.

Rodolfo Baptista

      Dios azteca, vigilante del tiempo circular, Carlos Fuentes ha cerrado el abismo entre lo que somos y lo que hemos sido. Sus novelas, ensayos y cuentos han calibrado a pulso la multiplicidad de razas que irisa el alma latinoamericana. Sus ficciones, son los mitos universales que se cruzan, se mezclan, se enriquecen, y alcanzan su dimensión más allá del tránsito de lo efímero.
Se advierte la incomodidad que le provoca el tema de la acusación por plagio de su más reciente novela. El problema quedará resuelto en las próximas semanas. Su vida le ha dado forma a “Diana, o la cazadora solitaria”. “Es muy malo que digan que su vida ya no es su vida”, expresa mientras camina desde el Teatro Teresa Carreño, hasta su habitación de hotel.

-Usted ha señalado que en nuestra literatura compensa la ausencia de una verdadera historia, de una historia que nos explique cómo esa amalgama multirracial y policultural que somos ¿Cuál ha sido el aporte de los escritores venezolanos a esa función trascendente de la novela?

-No tendríamos una novela latinoamericana sin  Rómulo Gallegos ni Arturo  Uslar Pietri. Ni por supuesto, sin Miguel Otero Silva con su enorme reflexión sobre la historia. Ellos tres nos dieron grandes lecciones a los escritores más jóvenes. Si alguien nos enseñó a escribir la novela histórica moderna latinoamericana fue Arturo Uslar con “Lanzas Coloradas”. Y le hablo de una obra anterior a Alejo Carpentier y Gabriel García Márquez y Vargas Llosa. La importancia de estos autores es enorme, para no hablar de los escritores contemporáneos. Pero en la base hay un aporte fundamental. Hay encuentro con el espacio que es Gallegos y el encuentro con el tiempo histórico que fue Uslar.

- Cada época tiene un padecer anímico y una situación de conciencia especial, pero también un mito que nos expresa. ¿Qué mito nos expresa a nosotros los venezolanos?

- No sé, tal vez el mito de Venezuela sea el “País Portátil”.

- El descenso a lo primigenio es un tema recurrente en la literatura Hispanoamericana. En “Cien Años de Soledad”, en “Aura”, en “Doña Bárbara”, el tema es una constante, y es expresado en imágenes míticas, relacionadas todas con Hécate, la hechicera, y un descenso al matriarcalismo primitivo en el sentido que dio Bachofen. ¿Qué peso especifico tiene este mito en nuestra historia?

Yo creo que, en efecto, es una enorme nostalgia de un matriarcado en el que la madre quiere a todos sus hijos por igual. En el matriarcado no hay herencia, no hay poder, no hay división. El  patriarcado el que dice “Tú eres el primogénito” o “Tú me heredas y tú no”. Para mantener la riqueza hay que crear un poder, hay que fundar partidos, hay que crear Estado y Gobierno. La madre no. Ella es abarcadora, abraza a todos, pero también se puede comer a todos. Estamos en la enorme disyuntiva que se plantea en “Canaima” que es “Tengo que salir de la selva, porque me puede  devorar, pero necesito ala selva porque  me protege”. De manera que el dilema de Marcos Vargas sigue siendo el dilema básico de nuestra historia.

Usted tiene una visión positiva. Sin embargo, el matriarcado puede representar el riesgo constante a caer en la anarquía…

Depende de cómo juzguemos el matriarcado, hay quienes lo juzgan muy positivamente. Cuando Marx murió, el leía la obra de un historiador y un sociólogo norteamericano que era un elogio al matriarcado, en el sentido de que, en efecto, ésta era la posibilidad de la utopía, de un mundo abarcador, de un gran abrazo de amor donde “todos mis hijos son buenos”. Pero el matriarcado tiene el riesgo de lo indiferenciado. Por ello aparece el patriarcado, para dividir. Es decir que no hay situación perfecta, no hay una solución utópica. Por lo demás, la anarquía es una idea muy bella. En mi última novela “Diana, o la cazadora solitaria” tengo una entrevista con Luis Buñel en la que dice que “la idea más bella es 'volar' el Louvre y  mandar al carajo a  la Humanidad y todas  sus obras".  Pero es bella como idea, nada más. Los sueños no tienen porque convertirse en realidad. ¿Le pedimos a los sueños que tuvimos en la noche que se hagan realidad en la mañana?

En “Valiente mundo nuevo”, usted apuntó que con “Aura” quiso hacer explícita la cadena genésica del mito e indico varias obras de la literatura universal que se habían alimentado del mismo tema. Escribió que la picardía critica tan abundante en México, se alimentaba en cambio, de su mala fe e ignorancia frente a este fenómeno. ¿ Sucede lo mismo con “Diana…”?

Yo he abordado en “Diana…” un tema que he tratado mucho a lo largo de mi carrera que es la relación México – Estados Unidos, de un mexicano con una norteamericana, como en “Cambio de piel” y en “Gringo Viejo”. Es siempre la recurrencia del cuento de la mujer propia y el hombre extraño. ¡Es la Guerra de Troya! A  veces se tiene poca memoria y cultura literaria hay quizá unos doce temas que se combinan y constantemente están retornando. Lo interesante es ver cómo se recrean, cómo se recombinan. Quien ha leído “Diana…” sabe que habría que remontarse a la Guerra de Troya, al rapto de Helena por París, y a los mitos.

¿Cuánto le queda entonces por contar de esa su novela única que ha llamado “La edad del tiempo”?

(Risas). ¡Bastante! No voy a tener tiempo. Voy a morir antes, eso es seguro.

 

Equilibrar nuestras propias casas

Por un momento, Carlos Fuentes cierra su espacio a las cuestiones creativas. Ahora aborda la materia del cambio social y económico en Latinoamérica, motivo de su visita y participación en el articulo VIII Congreso Venezolano de Ejecutivos, en  1995.

¿Existe una solución particular a los males de la pobreza en cada país de Latinoamérica, o existe una solución universal como la implantación de políticas económicas liberales?

El liberalismo económico no nos va a sacar de la pobreza a menos que sean las virtudes del liberalismo económico sean compensadas por políticas sociales también modernas. El mundo desarrollado no se entiende sin amortiguadores sociales para la crisis o recesiones recurrentes de la economía. Cuando una crisis económica afecta a Francia o Alemania, por ejemplo, no es tan grave, porque existen amortiguadores. La mayoría de la población es rica y la minoría es pobre. En nuestro caso es al contrario. De manera que estas crisis recurrentes que están azotando a la América Latina, lo único que hacen es empobrecernos cada vez más. La producción no está creciendo, el número de pobres sí. Y yo me pregunto: ¿Esta es una buena solución? ¿Es esto lo que no ofrece el neoliberalismo? ¿Ponernos una buena cara frente al Fondo Monetario Internacional frente al Banco Mundial? En México llevamos tres gobiernos presididos por economistas y somos cada vez más pobres. Los economistas, por lo visto no saben gobernar muy bien.

¿Será necesaria una coalición entre sectores públicos y privados?

Michel Camdessus, nada menos que el presidente del FMI, dice que “La mano del mercado, requiere también la justicia de la mano del Estado”. Para salir de la pobreza se necesitan políticas del sector público, del sector privado y del tercer sector, el sector social para movilizar las fuerzas sociales. Esto se puede hacer para llegar a compromisos respecto, por ejemplo, a la reforma tributaria. En Chile se hizo en el 90. La carga fiscal fue objeto de un compromiso político decidido del sector público y el sector privado. Esto se podría hacer en otras partes del mundo, notablemente en México donde la distribución de la riqueza es particularmente injusta. En México 25 individuos tienen ingresos mayores que el total de ingresos de 25 millones de mexicanos. Es una injusticia palmaria. Hay que invertir en la educación, uno de los éxitos de la economía. Hay que promover el ahorro. Uno de los éxitos de la economía chilena es su capacidad para generar ahorro, cosas que en México no tenemos, en Venezuela sospecho que tampoco. De manera que tenemos muchísimas cosas que hacer, pero sin que haya guerra entre sector público y sector privado y el tercer sector, sin una cooperación para las metas de un crecimiento autentico basado en mayor productividad, mayor salario,  mayor empleo, mejor educación y mejores servicios sociales.

¿La nación de modernidad para Latinoamérica no estaría, entonces, relacionada  la competitividad?

Va a ser muy difícil que América Latina genere pronto empresas capaces de competir con los grandes mergers  como, por ejemplo,  Walt Disney, ABC, Turner. En lugar de hacer el papel de enanos ridículos tenemos que ocuparnos sobre todo de aprovechar las condiciones de la globalización, la cooperación internacional de la apertura de comercio en beneficio de las mayorías en nuestros países.

De esta forma América Latina se inserta en este nuevo escenario.

Es un papel modesto pero efectivo. A mí me parece excelente que una compañía como Cemex, tenga la capacidad de competir que tiene en América Latina o en España, donde está muy bien implantada. Bravo, eso está muy bien. Ahora, necesitamos muchas pequeñas compañías, microempresas, medianas empresas, que sirvan de respaldo y sustento real, para todos los valores de producción, ahorro, trabajo.

El tránsito de una división del mundo de bloques políticos a bloques económicos, ¿no supondría ensanchar la brecha que existe entre el primer y el tercer mundo?

Puede ser, puede ser. Eso es un gran peligro. En vez de una bipolaridad, tendríamos una tripolaridad, de competencia sangrienta, entre Japón, Estados Unidos y Europa.

Usted ha dicho que Latinoamérica está llamada a ser espejo de la cultura universal. ¿Qué hacer para asumir ese reto?

Lo primero que hay que hacer es equilibrar nuestras propias casas, es establecer bases de convivencia democrática, de producción, trabajo, ahorro, educación y salud dentro de nuestras comunidades. El momento de la queja se acabó. Ya pasamos el momento del Cahiers de I’Alliance que fue presentado al norte y al occidente. Tenemos que hacer mucho en nuestros países. Sin cultura sin pasado, sin tradición, sin historia no hay sociedades viables. ¿Usted cree que los franceses, alemanes y los ingleses no tienen idea de su cultura y su historia como base de vida económica y su vida política? Claro que la tienen. Nuestro gran error es que al llegar a la independencia negamos todo el pasado y nos dedicamos a imitar, pero fuimos malos imitadores. Dividimos al país legal del país leal y el desastre se nos vino encima y todavía no salimos de él. Cuando sepamos conciliar nuestros pasados culturales y admitir nuestro carácter policultural y multirracial y transformar ese bagaje cultural en instituciones fuertes, bien informadas, bien cimentadas en lo que es la cultura y la sociedad vamos a dar un gran salto adelante. Mientras tengamos una cultura negada e instituciones falsas y débiles, no vamos a llegar lejos.

23 dE octubre dEl 2014