13 de abril de 2002: Larga noche de vigilia

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El retorno de Chávez

13 de abril: Larga noche de vigilia

Este relato de la noche  del regreso de Hugo Chávez al poder fue publicado parcialmente en 2002 en el diario El Tiempo. La incertidumbre, la tensión y las respuestas iban tomando nuevos matices con cada hora. En algún momento el propio José Vicente Rangel, a la sazón, ministro de la Defensa, aseguró que el jefe de Estado había sido golpeado “miserablemente”, versión que después fue descartada

Rodolfo Baptista

 Pasada la 1:00 pm del sábado 13 de abril de 2002, la retoma del Palacio de Miraflores era sólo un rumor cuya veracidad sólo podía ser confirmada en el propio sitio de los hechos. 
El vértigo de los acontecimientos ya daba cuenta de una masiva marcha opositora; una masacre; la supuesta renuncia del jefe de Estado, Hugo Chávez, la juramentación de un "presidente" provisional, y ahora el eventual regreso de los leales al gobierno...todo en menos de 48 horas. El tiempo de los sucesos parecía marchar en cámara rápida. Pero en el vórtice de los acontecimientos -al final de la avenida Urdaneta, en el centro de Caracas-, los minutos se alargaban en medio de la tensión, la incertidumbre y las preguntas que esperaban por una respuesta en las próximas horas. 
Decenas de caraqueños sortearon en la tarde el temor sobre la presencia de supuestos francotiradores en los edificios aledaños a la avenida que comunicaba a Miraflores para constatar personalmente la noticia que pasaba de boca en boca. Era sólo la resaca del miedo que permanecía desde el 11 de abril; los tiradores agazapados en las azoteas nunca aparecieron.

Banderas en alto
Pasadas las 4:00 pm, las personas apostadas en la cercanía y detrás de las rejas de la sede presidencial, festejaban, sin saber a ciencia cierta que pasaba. 
Por  el Palacio Blanco y el regimiento de la Guardia de Honor, al cruzar la calle resultaba más fácil el ingreso. La incertidumbre favorecía la posibilidad de que los militares en la guarnición dieran acceso a la prensa para que fueran testigos del regreso de Hugo Chávez. En aquel instante parecía más que una realidad, un acto de fe. Para los presentes era un "sábado de gloria" y esperaban que llegara a "domingo de resurrección". 
Para los más atentos, conforme pasaban los minutos, la débil estructura provisional que intentó hacerse con el gobierno terminaba por dejar escuchar el crujido de su fractura final.
Las escenas eran inusitadas. Soldados pertenecientes al regimiento de la Guardia de Honor, con mirada desencajada, agitaban banderas, fusiles y boinas frente a las rejas que contenían con dificultad ahora a la gente.
La insubordinación de los cuadros medios de la Casa Militar había comenzado en forma silenciosa la noche del viernes 12, luego de la toma de posesión de Pedro Carmona Estanga y había llegado a su apogeo al comenzar la tarde de ese sábado, antes de que un grupo de ministros, entre ellos el de Educación, Aristóbulo Istúriz, ingresaran al despacho presidencial.
“Carmona se nos escapó”, se lamentó un efectivo de la custodia presidencial mientras festejaba.
Otros soldados desde el techo del regimiento de la Guardia de Honor, ondeaban una inmensa bandera, mientras que la gente que esperaba el regreso de Chávez coreaba: "Soldado, amigo, el pueblo está contigo".
En el edificio iban llegando e ingresando las personalidades del chavismo que habían permanecido "enconchadas" y no esperan un retorno tan rápido. Sobre algunos corrieron rumores que los daban por muertos, como el alcalde del municipio Libertador, Freddy Bernal, quien fue recibido entre abrazos y el calificativo de "Lázaro resucitado".
Los diputados Cilia Flores y Nicolás Maduro también aparecieron pero vestidos con ropa humilde de segundo mano, lejos de su talla. Las vestimentas los hacían ver casi irreconocibles para su acostumbrada imagen de parlamentarios. Ambos tenían pantalones de correr, ella un suéter y él  mocasines y una chaqueta. Relataron que habían permanecido en un barrio caraqueño, escondidos luego de una persecución. Contaron que los habitantes les ofrecieron resguardo y ropa. Sin muchas exigencias de su parte, aceptaron ambas.

Miserablemente golpeado
Un soldado atravesó corriendo la entrada del regimiento cerca de las 9:40 pm, mientras sostenía en su mano un fax, una hoja de papel con un breve mensaje caligrafiado. “Turiamo, 13 de abril 2002. A las 14:45 pm. Al pueblo venezolano… ( y a quien pueda interesar) Yo Hugo Chávez Frías, venezolano, Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, declaro: No he renunciado al poder legítimo que el pueblo me dio. ¡¡Para siempre!!". En el fax, que pasaba de mano en mano, se dejaba ver la letra del mandatario y su firma. Era tratado con reverencia, como una revelación del pronto regreso.
Llegaron a circular versiones sobre una herida de bala en la humanidad de Chávez, y la eventual intención del sector militar que regresaba de usar  aviones  F-16 para atacar las guarniciones que mantuvieran su adhesión al gobierno de Carmona.
A las 9:52 pm, el ministro de la Defensa, José Vicente Rangel apareció en la puerta del regimiento. Había llegado a las  8:35 pm  y  había sostenido una reunión de una hora.  Trataba de hacer gala de un aplomo y seguridad que en el fondo encubría sus dudas sobre informaciones cruzadas y la misma expectativa de todos los presentes. Las preguntas obvias se encontraban en la boca de todos a la entrada, ¿Dónde estaba el presidente Chávez?, ¿Cuándo regresaría a Miraflores? 
“El Presidente estaba en La Orchila para aislarlo aún más. Allí fue miserablemente golpeado; salvajemente golpeado”, se aventuró a decir Rangel  aunque las horas se encargarían de desmentir esa versión. “Toda la Fuerza Armada está con Chávez. El comandante del Ejército, general Vásquez Velasco fue detenido. Estamos rescatando la libertad de expresión que se le había quitado al pueblo”.
La Casa Militar había sido responsable de uno de los factores que permitiría regreso del presidente de la República. Algunos oficiales fungieron de mediadores para contactar a la cadena de noticias CNN y hacer las diligencias que permitieron la difusión de las entrevistas del vicepresidente Diosdado Cabello y la Primera dama, Marisabel de Chávez.

Presidente provisional
Un amplio pasillo subterráneo que comunica a la guarnición de la Guardia de Honor y el Palacio Blanco  con  Miraflores –por debajo del  tramo de la avenida  Urdaneta que los separa-  sirvió para trasladar, por tandas, a un grupo de periodistas y otras personas, para comenzar los preparativos y reseñar lo que estaría por suceder. 
El largo pasadizo estaba iluminado con luces de neón blanca que transmitían una tranquilidad marcial y que contrastaba con el nerviosismo, la algarabía y la expectación que reinaba afuera y adentro del Palacio -donde desde la tarde ya había ministros funcionarios y comunicadores. 
A las 9:58 pm se grabó el primer mensaje que sería transmitido posteriormente por televisión, para dejar constancia del ya irreversible control del chavismo. 
El vicepresidente Diosdado Cabello, con camisa a cuadros y chaleco beige, fue juramentado como jefe de Estado provisional por el presidente de la Asamblea Nacional, Willian Lara, vestido con un traje gris. Posteriormente a la media noche, Cabello grabaría otro mensaje con medios internacionales para dejar constancia del total restablecimiento del gobierno constitucional. 
En el despacho presidencial, se dejaban ver papeles y documentos dejados por el abortado e improvisado gobierno. Un listado de candidatos para ministros que nunca llegarían a ser nombrados, propuestas para el presidente del Banco Central de Venezuela, magistrados del TSJ, el presidente de Pdvsa, entre otros. También un papel escrito a mano donde se veía un teléfono al lado de las palabras "directo" y "EE.UU." y un decreto para control de armas de fuego. 
Las versiones a esa hora comenzaban a ser más precisas. El Presidente sería trasladado a Caracas desde La Orchila y las guarniciones rebeldes se habían rendido. 
Pasadas las 10:00 pm, la población congregada y soldados permanecían eufóricos mientras se abrazaban y entonaban el himno nacional.
Maduro aprovechó un intermedio en la vigilia para pedir a las personas reunidas frente al Palacio Blanco y la guarnición, (a través de un micrófono con altavoz, instalado en el estacionamiento) que se desplazaran hasta la Avenida Sucre para impedir los saqueos que comenzaban a dejar desolados los desguarnecidos comercios. 
Ningún hombre o mujer le hizo caso, por lo que pidió el apoyo a los efectivos militares para que dirigieran a un grupo hasta la zona. Luego de una hora, varias personas  arribaron al regimiento de la  Guardia de  Honor cargando una nevera y otros artículos, como ollas, teteros, cajas de artículos eléctricos y computadoras. Todo lo que logró recuperarse del saqueo, fue devuelto a Miraflores. 
Rumores sobre la presencia de francotiradores en El Calvario continuaban circulando con insistencia. Efectivos de la Guardia de Honor detectaron un contingente de armas escondido en la maleta de un auto estacionado en las adyacencias del palacio Blanco. También encontraron credenciales, una de ellas de la Alcaldía del municipio Libertador.

Y volvió, volvió
Pasada la 1:00 am del 14 de abril en el Palacio de Miraflores todo era expectativa. Funcionarios y ministros se dejaban ver finalmente, algunos irreconocibles como el titular de la secretaría de la presidencia, Rafael Vargas, quien había teñido su cabello, anteriormente blanco, a un negro cerrado, cambiando su aspecto para evitar ser identificado y escapar de las persecuciones que se habían desatado los dos días anteriores -un grupo de policías metropolitanos habían allanado su casa. 
Las conversaciones en el Salón Ayacucho giraban en torno a las anécdotas y los hilos detrás del breve gobierno de Carmona. Algunos apuntaban que era el regreso de un "ala radical de Copei", si se atendían a los nombres del frustrado gabinete de ministros.
Los gritos y algarabía inicial dieron paso a una tensa espera. Afuera, el grupo de personas llenaba poco más de dos cuadras en la avenida Urdaneta, algunas de ellas con flores en las manos, que aguardaban la noticia de la noche. Un proyector arrojaba imágenes televisivas sobre una pared frente al Palacio de Miraflores.
El sonido de dos helicópteros rompió la noche. A las 3:50 pm, en medio de una tenue neblina, aterrizó la aeronave que trasladaba al presidente Chávez desde La Orchila. “Volvió, volvió, volvió”, se había convertido en el mantra de la jornada. Algunas preguntas comenzaban a ser respondidas. El mandatario no había sido brutalmente golpeado, ni estaba gravemente herido. El chavismo tenía de nuevo las riendas del poder. Pero otras interrogantes tardarían más tiempo en develarse. Mucho más.

16 dE abril dEl 2015